"AMADO, YO DESEO QUE TU SEAS PROSPERADO EN TODAS LAS COSAS Y QUE TENGAS SALUD, ASI COMO PROSPERA TU ALMA" 3JN. 2

Enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la principal causa de demencia. Es una patología neurodegenerativa progresiva e irreversible que lentamente afecta la memoria, la identidad y la conducta con impacto en el funcionamiento social y ocupacional. La enfermedad de Alzheimer afecta a una de cada diez personas de más de 65 años y a casi la mitad de las mayores de 85 años. Se estima que actualmente existen 35 millones de personas con demencia, según datos de la Alzheimer’s Disease International (ADI).


Factores de riesgo importantes involucrados son el bajo nivel de educación, el antecedente de traumatismo de cráneo y síndrome depresivo de presentación tardía (este último constituiría factor de riesgo y posible síntoma de la enfermedad). A pesar de los avances sobre el estudio de la enfermedad, el diagnóstico definitivo de la misma sigue siendo el hallazgo de ovillos neurofibrilares y placas amiloides en la autopsia o biopsia de los pacientes. No existe en la actualidad ningún test de laboratorio ni un biomarcador que determine el diagnostico definitivo. La valoración clínica con el apoyo de los exámenes complementarios siguen siendo la herramientas más trascendentes para el diagnostico.


El cuidado del paciente con demencia es un proceso dinámico que requiere de un abordaje integral y que consta de un tratamiento farmacológico y no farmacológico dirigido al paciente y a ayudar al cuidador y/o familiar.


Las terapias no farmacológicas son importantes en el tratamiento de la Enfermedad de Alzheimer. Las estrategias para retrasar la progresión del déficit cognitivo y la consiguiente incapacidad funcional no pueden lograrse exclusivamente con el tratamiento farmacológico. El complemento a las intervenciones farmacológicas incluye tratamientos como la estimulación cognitiva y la terapia ocupacional. Las manifestaciones conductuales de la enfermedad de Alzheimer generan depresión, y estrés en el cuidador que deben ser abordadas por el equipo de profesionales a cargo del tratamiento del paciente con demencia.


Más años de escolaridad y el nivel socioeconómico de los padres durante la infancia parecen proteger contra el deterioro intelectual posterior posiblemente mediante el establecimiento de una "reserva cognitiva". La denominación “reserva cognitiva” es un constructo hipotético que se utiliza para explicar cómo, ante cambios neurodegenerativos que son similares en extensión y naturaleza, los individuos varían considerablemente en la severidad del deterioro cognitivo. Se sugiere que la inteligencia, educación, nivel ocupacional, hábitos dietéticos, actividades placenteras, estilo de vida, educación en las primeras décadas de vida y el mantener la actividad intelectual en la edad adulta son componentes activos de la reserva cognitiva. Se piensa que la estimulación cerebral con una actividad intelectual continua y, sobretodo, desafiante, podría crear nuevas conexiones entre las neuronas y disminuir la muerte neuronal.


En resumen, la estimulación intelectual, una dieta saludable, actividad física y tener una vida social activa han sido identificados como factores potenciales de protección en la mediana edad que pueden ayudar a mantener la reserva cognitiva en la vida adulta. Controles de presión arterial, colesterol y lipoproteínas, glucosa en sangre, ácido fólico, vitamina B12 y el peso son vitales además de no fumar. Beber demasiado alcohol, es un factor de riesgo. Aunque muchos factores, como la edad y la predisposición genética, están fuera del control médico, existen numerosas estrategias que pueden ayudar a reducir el riesgo de deterioro cognitivo.

Así Murió Jesús



Más allá de la importancia que para la humanidad representa la vida de Jesús, resulta interesante considerar algunos aspectos de su agónica muerte que reflejan su completa humanidad, sin dejar de un lado su divinidad.

A continuación un fragmento del libro Historia Clínica, de Daniel López Rosetti

La Muerte de Jesús

Jesús, luego de los días de detención, es sometido al suplicio de los latigazos y la corona de espinas. Su condición clínica ya era crítica. Sin embargo, lo peor sucedió ese viernes a las nueve de la mañana, cuando lo crucificaron.

La condición clínica de una persona crucificada es cardiovascularmente comprometida. Por un lado, el intenso dolor del suplicio y la crucifixión producen disminución refleja de la presión arterial. A su vez, la pérdida de sangre por las lesiones de los latigazos, las espinas y el trauma de los clavos en ambas muñecas y pies condiciona también una disminución de la presión arterial por hemorragia. El corazón presenta un incremento en los latidos. Esta taquicardia busca compensar la disminución de la presión arterial. Este cuadro de hemorragia, disminución de la presión arterial y taquicardia condiciona el llamado “shock hemorrágico”. Se trata de una insuficiencia circulatoria donde la llegada de sangre oxigenada a los distintos órganos y tejidos se encuentra muy comprometida. De tal modo, los órganos nobles —tales como el cerebro, los riñones, el hígado y el propio corazón— reciben poca sangre y en consecuencia poco oxígeno, con lo cual se dificulta su funcionamiento. Este “shock hemorrágico” se asocia también a un “shock neurogénico”. En este último, los vasos sanguíneos, principalmente las arterias, se dilatan por un fenómeno nervioso reflejo provocado por el intenso dolor de la crucifixión.

Como consecuencia directa, la presión arterial baja. En este estado de colapso cardiovascular la piel se encuentra pálida, fría y sudorosa. La disminución de la presión arterial impide que los riñones funcionen correctamente, por lo que pierden su capacidad para filtrar la sangre produciendo una insuficiencia renal aguda. Como consecuencia, se acumulan sustancias tóxicas en la sangre. El shock circulatorio, asociado a la acumulación de sustancias tóxicas en la sangre, produce alteraciones neurológicas con modificación del estado de la conciencia (estupor, mareos y adormecimiento). A todo esto, el esfuerzo por respirar es intenso y dificultoso. Jesús debía “literalmente” pararse sobre el clavo de sus pies para poder respirar. La frecuencia respiratoria normal es de 12 a 14 respiraciones por minuto. Jesús, a esta altura de la condición clínica, debía respirar 30 o 40 veces por minuto en un intento por compensar la falta de aire y la insuficiencia circulatoria. Los movimientos respiratorios eran rápidos pero muy superficiales.

Claramente la respiración era insuficiente. Como resultado, la cantidad de oxígeno en sangre era baja y como contrapartida aumentaba la concentración de anhídrido carbónico (CO2). Esta acumulación de CO2 es muy tóxica y da un color azul-violáceo a los labios y a los extremos de los dedos. La entrada de aire a los pulmones era cada vez más dificultosa hasta hacerse mínima. A esta altura también se presentaban problemas metabólicos. La acumulación de anhídrido carbónico y la insuficiencia renal y respiratoria terminan por producir “acidosis metabólica” (acumulación de ácido en la sangre).

La acumulación de la hemorragia, el colapso circulatorio y neurogénico, la disminución de la presión arterial, la insuficiencia renal aguda, la acidosis metabólica y, en última instancia, la asfixia por falta de oxigenación de la sangre y la incapacidad de eliminación del anhídrido carbónico de la insuficiencia respiratoria, termina en arritmias cardíacas severas, que condicionan el paro cardiorrespiratorio.

Así murió Jesús hace más de 2.000 años, a las tres de la tarde de un viernes.

Certificado de defunción

  • Paciente. Jesús
  • Sexo: Masculino
  • Edad: 33 años
  • Lugar de fallecimiento: Jerusalén
  • Año: 010
  • Día: viernes
  • Hora: 3 de la tarde
  • Motivo del fallecimiento: Paro cardiorrespiratorio traumático
  • Causa: Asfixia por crucifixión

Aquel día comenzó un nuevo calendario para la historia universal, un antes y un después de Cristo. Para los creyentes también comenzó una era de fe.

¿Leche Materna o leche de vaca?

La leche de vaca contiene más proteína que la humana 3,3 y 1,5% respectivamente, lo que responde a las necesidades de cada especie. La leche humana es más digerible para el niño; la caseína que es seis veces mayor en la leche de vaca, forma en el estómago del recién nacido un coagulo de difícil digestión; en cambio, la caseina de la leche humana tiene la propiedad de formar micelas pequeñas fáciles de digerir.
El tiempo de vaciamiento es más rápido con la leche humana, el tamaño del cuajo de la leche de vaca se puede reducir al ebullirse, el cuajo de la leche humana es fino y se fragmenta con facilidad en el estómago.
Dar al niño leche de vaca sin diluir resultara una carga demasiado elevada de nitrógeno para los riñones. La osmolaridad de la leche de vaca es significativamente mayor que la de la leche materna, lo cual genera una mayor carga de solutos.
En carbohidratos, los azucares difieren en cantidad: 6,5 a 7,1% la leche de la mujer y 4,5% la leche de vaca. Ambas contienen lactosa.
La grasa es casi la mitad del contenido energético de la leche humana. La cantidad de grasa en la mujer varía de alguna forma con la dieta. El contenido de grasa, al final de cada tetada, es más elevado y contribuye a que el niño quede saciado al terminar la toma.
La leche de vaca varía según la raza del ganado. No obstante, la mayoría de estas leches se encuentran mezcladas y contienen niveles en promedios de 3,25 a 4%. La grasa de ambas leches esta constituida fundamentalmente por triglicéridos de los ácido oléico y palmítico.
En relación con las vitaminas, ambas tienen cantidades altas de vitamina A. Las vitaminas C y D son pobres en la leche de vaca. Esta leche contiene mayor cantidad de tiamina y rivoflavina, con respecto a la leche humana. La alimentación natural tiene las vitaminas suficientes para los requerimientos del niño.
El contenido de hierro es poco en la leche humana y mucho menos en la de vaca. Los lactantes alimentados al seno materno absorben hasta el 49 % del hierro, cifra alta comparativamente con el 10% que se absorbe de la leche de vaca y del 4% de las fórmulas maternizadas.
El zinc presente en la leche materna tiene un índice de absorción del 42%, mayor que el de las fórmulas maternizadas que es del 31% y que el de la leche de vaca que es 28%.
El fluor, que se asocia con una disminución de los procesos de caries dentales, en la leche humana tiene niveles menores (0.025mg/L) que en la leche de vaca (0.3 a 0.1mg/L). La absorción es mayor en la leche humana.
La leche de vaca contiene concentraciones mucho más altas de calcio y fosfatos. El fosfato se combina con el calcio y el magnesio y evita que se absorban. La relación calcio-fosforo en la leche humana es de 2 a 1, lo que favorece la absorción del primero. Las cantidades relativas de agua y sólidos en ambas leches son aproximadamente iguales. Se ha demostrado que los niños sanos alimentados exclusivamente al pecho, no necesitan agua extra y su orina es diluida. La leche humana presenta bajo contenido de sales-sodio, potasio, cloruro; su absorción es suficiente para sostener el crecimiento normal del niño. La leche de vaca tiene mucha más sal que la leche humana. El lactante necesita agua para excretarla.
Se pudiera pensar que al analizar cuantitativamente ambas leches se considere que la leche de vaca es más nutritiva. Pero si comparamos le leche materna con las necesidades de los humanos, sin dudas, la alimentación natural es la ideal para el niño.

Tomado de:
Leche materna vs leche de vaca, en Temas de Medicina General Integral Volumen I, pág 112. Ed. ECIMED, La Habana, 2001

BUENAS NOTICIAS!!

Nos complace enormemente informarle a todos nuestros visitantes que este blog ha sido certificado como WEB DE INTERES SANITARIO por el sitio: http://www.portalesmedicos.com/

Motivación para seguir trabajando en pro de la divulgación médica que contribuya al logro de Salud en Plenitud

Una seria advertencia a propósito de la E. coli









Tras la aparición de una nueva cepa de la bacteria conocida como Eschericia coli productora de toxina Shiga (STEC), se lanza nuevamente la advertencia en cuanto al lavado adecuado de manos y la correcta manipulación de alimentos para evitar brotes de enfermedades asociadas a una incorrecta higiene.

Por lo general entre los síntomas más comunes de la infección por la E. coli (STEC), están diarrea con sangre y dolor abdominal tipo cólico. Es causante del Sindrome Hemolítico urémico, trastorno que ocurre generalmente cuando la bacteria en el aparato digestivo produce sustancias tóxicas que destruyen los glóbulos rojos, causando lesión a los riñones y puede causar la muerte.

La organización Mundial de la Salud (OMS), ha diseñado una estrategia basada en cinco claves que tienen como finalidad evitar el contagio y propagación de enfermedades asociadas al consumo y manipulación de alimentos:
1. Mantenga la limpieza
2. Separe alimentos crudos y cocinados
3. Cocine completamente
4. Mantenga los alimentos a temperaturas seguras
5. Use agua y materias primas seguras

Para una mayor información y acceder al afiche promocional de la OMS en español puede visitar el siguiente link: http://www.who.int/foodsafety/publications/consumer/en/5kys_Spanish.pdf



Las Grasas en la Alimentación

Los tipos de lípidos o grasas de la dieta son los ácidos grasos saturados y los ácidos grasos insaturados: monoinsaturados y poliinsaturados.

Ácidos grasos saturados
Los ácidos grasos saturados en la dieta se encuentran principalmente en productos animales y de productos de cocina procesada industrial. Dietéticamente son consideradas grasas “malas” ya que son responsables de la aparición de numerosas enfermedades.

Ácidos grasos poliinsaturados
Los conocidos como ácidos grasos omega-6 y omega-3 son los principales componentes
de los ácidos grasos poliinsaturados, representados por el ácido linoleico (omega-6), que se encuentra en los aceites vegetales, y los ácidos eicosapentanoico (AEP) y docosahexaenoico (DHA) (omega-3), que se encuentran en el pescado. Dietéticamente son consideradas grasas “buenas” ya que ejercen un control sobre el colesterol y las enfermedades del corazón.

Las grasas monoinsaturadas las encuentras en aceite de oliva, aceite de cacahuete o aceite de canola, frutas secas como almendras, avellanas y cacahuetes, además de aguacates y aceitunas.

Los hábitos dietéticos de las sociedades desarrolladas han evolucionado hacia patrones de alimentación con una mayor presencia de grasa animal, en detrimento de los hidratos de carbono y la fibra de origen vegetal. El cambio de patrón alimentario, junto con una disminución de la actividad física, se han relacionado con un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas como obesidad, algunos tipos de cáncer, diabetes tipo 2, caries dental, osteoporosis y enfermedades vasculares.

Recomendaciones
• Consumir alimentos que sean naturalmente bajos en grasa, como los granos enteros, las frutas y las verduras.
• Obtener mucha fibra soluble, como avenas, salvado, arvejas secas, legumbres, cereales y arroz.
• Restringir los alimentos fritos y los alimentos horneados preparados comercialmente (rosquitas fritas, bizcochos, galletas).
• Limitar el consumo de productos animales, como las yemas de los huevos, los quesos, la leche entera, la crema de leche, el helado y las carnes.
• Mirar las etiquetas de los alimentos, especialmente el nivel de grasa saturada, al igual que evitar o limitar los alimentos con niveles altos de grasa saturada.
• Buscar en las etiquetas de los alimentos palabras como "hidrogenada" o "parcialmente hidrogenada". Estos alimentos están cargados de grasas dañinas y se deben evitar.
• El aceite vegetal líquido, las margarinas suaves y las margarinas libres de ácidos trans grasos son preferibles a la mantequilla, la margarina en barra o la grasa para pastelería.

Mas allá de toda esta evidencia científica, resulta sorprendente cómo muchísimos años atrás, nuestro Dios todopoderoso dejaba una recomendación: “Estatuto perpetuo será por vuestras edades, dondequiera que habitéis, que ninguna grasa ni ninguna sangre comeréis” Levítico 3:17. No se registran argumentos bíblicos a favor de esta recomendación más allá de su origen divino. Pero en la actualidad, sigue siendo válida, dadas las bien documentadas nefastas consecuencias que para la salud tiene el consumo de grasas de origen animal. Esta advertencia Divina, enmarcada con un sello de “estatuto perpetuo” debe ser tenida en cuenta hoy más que nunca.

Estreñimiento

El estreñimiento hace referencia a las heces poco frecuentes, duras o la dificultad para expulsarlas. Puede implicar dolor durante el paso de una deposición, incapacidad para evacuarla después de hacer fuerza, pujar durante más de 10 minutos o la ausencia de deposiciones después de más de 3 días.

El estreñimiento es causado con mayor frecuencia por una dieta baja en fibra, falta de ejercicio físico, ingesta insuficiente de líquidos por día o demora para ir al baño cuando se presenta urgencia de defecar. El estrés y los viajes también pueden contribuir al estreñimiento u otros cambios en las deposiciones.

Otras veces, la razón del estreñimiento puede ser la presencia de enfermedades intestinales (como el síndrome del intestino irritable), el embarazo, ciertas afecciones médicas (como la deficiencia de actividad de la tiroides o la fibrosis quística), problemas de salud mental, trastornos neurológicos o medicamentos. Otras causas más serias, como el cáncer de colon, son menos comunes.

Si presenta algunas de las siguientes características consulte con el médico en breve :

•Estreñimiento súbito con cólicos abdominales e incapacidad para evacuar las heces o los gases. (No se deben tomar laxantes y se debe acudir al médico inmediatamente).
•Dolor abdominal agudo o intenso, en especial cuando está acompañado de distensión.
•Sangre en las heces.
•Estreñimiento alternando con diarrea.
•Heces delgadas con aspecto de lápiz.
•Dolor rectal.
•Pérdida de peso inexplicable.
•Ha estado utilizando laxantes durante varias semanas o las medidas personales no están funcionando.

Una buena manera de tratar el estreñimiento es:
1. Tomar al menos 6 vasos de agua por día.
2. Tomar 1 cucharada de aceite de oliva en ayunas diariamente.
3. A un vaso de agua agregar 1 cucharada de avena en hojuelas, más 1 cucharada de salvado de trigo, tomar en ayunas diariamente.
4. Evitar lácteos.
5. Comer frutas y ensaladas diariamente.
6. Realizar ejercicio regularmente.